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El indispensable diálogo por la paz

Editorial Diario La Nación, 2 de noviembre de 2017.

Distintos líderes y organizaciones religiosas vienen llevando a cabo trascendentes encuentros para fortalecer la concordia y la tolerancia

Acostumbrados al enfrentamiento y a la crispación, los ciudadanos parecemos haber olvidado que el diálogo ofrece una muy efectiva ventana de solución para muchos más problemas de los que imaginamos. Ante un mundo convulsionado, desde hace ya varios años somos testigos del trabajo entre nosotros del Instituto del Diálogo Interreligioso de la Argentina (IDI), que, abierto a todos, agrupa a las tres grandes religiones monoteístas. Con el liderazgo del rabino Daniel Goldman, el dirigente islámico Omar Abboud y el sacerdote católico Guillermo Marcó, el entonces arzobispo Jorge Bergoglio propició sus inicios para promover el entendimiento de los hombres de fe, y fomentar el diálogo y la convivencia pacífica. Hoy, el papa Francisco destaca la importancia de fortalecer las religiones porque no se trata de evangelizar a un hermano de otra religión, sino de dialogar para conocerlo cada vez más.

 

La activa Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso y la Comisión de Diálogo Interconfesional de la B'nai Brith Argentina recordarán, con adhesiones de otras organizaciones, el comienzo del Holocausto judío con la Noche de los Cristales Rotos, el próximo jueves.

 

 

En San Juan, hace pocos días tuvo lugar el II Congreso Nacional de Diálogo Interreligioso organizado por la Iglesia Metodista entre 16 grupos de distintos cultos. Bajo ese mismo valioso paraguas, el año pasado, por iniciativa de un grupo de argentinos y representantes de diferentes confesiones con asiento en nuestro país, tuvo lugar el I Congreso Mundial de Diálogo Intercultural e Interreligioso, cuya segunda edición se celebra en Ushuaia en estos días bajo el concepto "Una senda hacia la paz" en su propuesta de "conocernos cada vez más para que desaparezca de una vez por todas ese racismo que se origina en la ignorancia de no conocer al otro, o de tener una percepción equivocada de sus creencias o costumbres", según expresa su presidente, Gustavo Guillermé.

 

En Ushuaia dialogan destacados representantes de diversos cultos y religiones de nuestro país: la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (más conocidos como Mormones), el Instituto Islam para la Paz, el Seminario Rabínico Latinoamericano M. T. Meyer, la Conferencia Episcopal Argentina, el Congreso Judío Latinoamericano, la Comunión Anglicana Episcopal Ortodoxa, la Iglesia Apostólica Armenia, el Centro Unión Israelita de Córdoba, la Asociación Árabe Argentino Islámica, la Iglesia Ortodoxa Griega, la Comisión Episcopal de Iglesias Orientales y el Centro Simon Wiesenthal, entre otros.

Se sumaron también jueces, estudiosos, expertos, fuerzas armadas, funcionarios y ex presidentes como Luis Alberto Lacalle, de Uruguay; Luis Federico Franco Gómez, de Paraguay, y Eduardo Duhalde, de la Argentina, quienes abordarán los temas que nos alejan de la paz y que, hoy más que nunca, requieren el diálogo y los acuerdos. Cuestiones como el azote del terrorismo internacional, los refugiados y migrantes por religión, el hambre y las guerras, la educación en el diálogo y la libertad de culto, así como el peligro del narcotráfico, constituyen auténticos desafíos para los líderes mundiales. La extensa agenda contempla también la trata de personas y la violencia de género, al igual que la misión clave de la Justicia y su papel en las democracias de América latina.

 

Muchas preguntas se disparan a partir de estos temas. ¿Es la religión causa de la violencia terrorista o es una herramienta movilizadora de la que se aprovechan determinadas organizaciones terroristas? ¿Está nuestro país a salvo de nuevos atentados? ¿No estamos frente a una oportunidad concreta de enseñar valores como la aceptación del otro, la tolerancia y la libertad religiosa como condiciones para la paz y el fortalecimiento democrático? ¿Cuál es la relación entre narcotráfico, violencia y migración ilegal y cómo puede ayudar el diálogo intercultural e interreligioso a combatir este flagelo?

Deben ser bienvenidos todos los espacios de encuentro y de diálogo sobre cuestiones trascendentales que acerquen a los hombres de buena voluntad hacia la paz social, la integración y la concordia. En esta dirección, hacemos propias las palabras de la oración ecuménica creada para acompañar, en nuestro país, los encuentros entre los diferentes credos: "Buen Dios, concédenos renovar nuestra mente y nuestro corazón dando testimonio de tu presencia a través de nuestras acciones. Que seamos todo lo que exigimos que los demás sean para nosotros. Que cuando me falten fuerzas pueda encontrar el entusiasmo y la alegría siendo útil a mi familia, a mi comunidad, a mi pueblo y a mi país, y así se dignifique nuestra vida. Que tengamos presente que cambias la situación de un pueblo sólo cuando éste se cambia a sí mismo".