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Los Rohinyá y los demás

Rangún, 29 de noviembre de 2017 (Andrea Tornielli, enviado de La Stampa a Myanmar, para Vatican Insider).

La historia de las demás minorías de Myanmar, víctimas de la violencia y obligadas a vivir en campos para refugiados: el caso de los Kachin.

 

En el circuito de los medios de comunicación internacional se discute (e incluso polemiza) sobre si el Papa pronunció o no la palabra “Rohinyá” en su discurso ante las autoridades de Myanmar. Bergoglio ya había lanzado varios llamados a favor de los Rohinyá (uno muy fuerte fue el del pasado 27 de agosto durante el Ángelus) y nombraba por su nombre específicamente a la minoría étnica de religión musulmana perseguida en el estado birmano de Rakhine. Pero aquí, como no se han cansado de pedirle y de repetirle diferentes exponentes de la Iglesia local, el Papa habló sobre el respeto de los derechos de las minorías sin nombrar a ninguna.  

  

Hay algunos que consideran este gesto un ejemplo de grande política, y otros hacen notar que con su decisión el Papa trató de alejar el peligro de nuevas reacciones violentas de los nacionalistas budistas en contra de los Rohinyá, en un momento en el que el gobierno birmano acaba de firmar un memorándum con el gobierno de Bangladesh para permitir la vuelta a Rakhine de más de 500 mil prófugos que se vieron obligados a huir en agosto de este año. 

  

Pero también existe otra razón. Los Rohinyá, efectivamente, no son la única minoría discriminada en Myanmar. Lo indica silenciosamente el bastón pastoral de madera que Francisco utilizó para celebrar la misa en el Kyaikkasan Ground de Rangún. Un objeto artesanal que le regalaron algunos refugiados católicos de la minoría Kachin, que viven en el campo parra refugiados de la ciudad de Winemaw, en el estado de Kachin, en el sur del país. Una zona principalmente cristiana. 

  

Como describió la agencia vaticana Fides, los fieles Kachin se encuentran en el campo para desplazados de Winemaw debido a la guerra civil entre el ejército birmano y los grupos armados Kachin: es uno de los muchos conflictos de carácter étnico que se registran en el país, compuesto, a nivel social, por la mayoría bamar (los birmanos) y 135 minorías étnico lingüísticas. Los prófugos Kachin le regalaron el báculo de madera al Pontífice con la esperanza de que «vuelva la paz al estado de Kachin, puesto que no será posible para ellos participar en la misa en Rangún, debido al estado de indigencia en el que viven». 

  

La guerra civil entre el Kachin Independent Army (KIA) y las tropas gubernamentales comenzó en 1965. Este conflicto ha obligado a cientos de miles de Kachin (uno de los 7 principales grupos étnicos de Myanmar) a encontrar refugio en los campos para desplazados. «La Iglesia católica local –informa la Fides– los estáapoyando: en la diócesis de Myitkyina hay más de 8 mil desplazados que no pueden volver a sus aldeas por la violencia que continúa. La Caritas los asiste, tratando de darles también la posibilidad para cultivar tierras, para que puedan contribuir en el propio sustento» 

  

El año pasado, los obispos birmanos denunciaron que «más de 150.000 personas languidecen en los campos para prófugos, reducidas a la condición de desplazados y esperando ayuda internacional». Además, criticaron duramente que «una guerra crónica ha producido solo perdedores, es decir las personas inocentes abandonadas en los campos, mientras sus tierras fueron sembradas con minas, el tráfico de seres humanos se recrudece, la droga es una sentencia de muerte para los jóvenes kachin, los recursos naturales como las minas de jade son saqueados. Esta es la causa principal del conflicto».