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El Papa a los refugiados rohingya en Dacca: «En nombre de quienes os han perseguido, os pido perdón»

Dacca, 1 de diciembre de 2017 (Juan Vicente Boo, enviado especial de El País a Bangladesh, para Diario El País).

Líderes musulmanes y laicos de Bangladés aplauden su «fuerte apoyo» a los rohingya

 

Al término de un encuentro en que los líderes musulmanes y laicos de Bangladés le han agradecido su «fuerte apoyo» a los rohingya, la minoría étnica musulmanas masacrada y expulsada por la dictadura militar que controla Birmania, el Papa Francisco ha saludado y escuchado este viernes a los miembros de tres familias que huyeron de su país para salvar la vida y han sido acogidas en un campo de refugiado de Cox’s Bazar.

 

El Santo Padre no pudo contener las lágrimas a medida que un intérprete le traducía las atrocidades que habían sufrido en sus aldeas antes de escapar de Birmania. Hablaban uno a uno, y el Papa no soltaba las manos de cada hombre que escuchaba, mientras que hacía, en cambio, solo una leve caricia en la cabeza a modo de saludo a las mujeres, pues son musulmanas.

 

Después de saludar a los dieciséis refugiados (doce hombres, dos mujeres y dos niños), Francisco les ha asegurado: «Estamos cerca de vosotros. En nombre de quienes os han perseguido y os han hecho daño, y por la indiferencia del mundo, os pido perdón. Perdón».

 

Y ha invitado a todos los presentes a «continuar ayudando a que se reconozcan sus derechos», añadiendo una fuerte consideración religiosa: «No cerremos nuestro corazón. No miremos hacia otro lado. La presencia de Dios hoy se llama rohingya».

 

Las lágrimas corrían a rienda suelta por las mejillas de varios de los refugiados y de muchas de las doscientas personas que participaban en el encuentro. Quizá de millones de bangladesis que lo seguían en directo por varias cadenas de televisión.

 

El líder espiritual más importante del mundo había ido a Birmania a hablar en privado con el general responsable de esta matanza, y se reunía ahora con algunos de los expulsados en presencia de las principales autoridades religiosas y las autoridades de Bangladés. Y les pedía perdón por un crimen que él no ha cometido y por una indiferencia en la que él es el único líder mundial que no ha caído. Nadie ha hecho, jamás, algo parecido.

 

Algunos de los refugiados habían conseguido ropa prestada para presentarse del modo más digno posible delante del Papa, pues todo el mundo sabe que habían llegado al campo de Cox’s Bazar prácticamente con lo puesto, y bañados en sudor al cabo de varios días de huida.

 

Varios de los hombres mostraban rasgos demacrados y avejentados. Eran la imagen visible de la minoría más maltratada en estos momentos: el millón de rohingyas a los que los militares que controlan Birmania quitaron la nacionalidad en 1982. Y ahora las tierras, las casas y, en muchos casos, la vida de los hombres y la dignidad de las mujeres.

 

Como música de fondo, destinada a serenar el ambiente, se oían las notas del «Concierto de Aranjuez», de Joaquín Rodrigo, interpretado con instrumentos locales. Nunca había sonado tan humano ni tan universal.

 

El encuentro interreligioso había comenzado con el discurso -en nombre los fieles musulmanes, que suponen el 90 por ciento de los 160 millones de habitantes de Bangladés-, del gran imán y muftí Farid Uddin Masud, quien ha agradecido vivamente al Papa «su fuerte apoyo a los rohingyas, que traerá resultados positivos para asegurar sus derechos humanos». Las tres familias de refugiados rohingya, que participaban el en encuentro, seguían las distintas intervenciones con la ayuda de intérpretes.

 

El aplauso del líder de los musulmanes, la religión de los rohingya, ha sido la mejor prueba de que Francisco ha actuado del mejor modo posible para ayudar a los rohingya, con independencia de lo que opinen organizaciones humanitarias occidentales que conocen mucho menos el modo de tratar con dictaduras militares asesinas como la de Birmania.

 

En el encuentro interreligioso de musulmanes, hindúes, budistas y cristianos, el gran imán y muftí Farid Uddin Masud ha afirmado que «su santidad el Papa Francisco desarrolla esfuerzos incansables para promover más humanidad, y levanta su voz a favor de los oprimidos con independencia de su religión, casta o nacionalidad».

 

Era un reconocimiento espectacular, como el que ha llevado a cabo el patriarca jefe de los budistas de Bangladés, Suddhananda Mahathero, al confesar delante de Francisco y de doscientos representantes de cinco religiones que «jamás olvidaré la fotografía del Santo Padre lavando los pies de jóvenes refugiados africanos negros» el Jueves Santo del pasado año en un centro de acogida al norte de Roma.

 

«Hacia el Absoluto»

 

Como confirmación del valor de estos encuentros interreligiosos, el líder budista ha recordado «la visita del Papa Juan Pablo II a Bangladés en 1986, que fue también histórica, y en la que tuve la oportunidad de saludarle».

 

En nombre de la sociedad civil laica, el prestigioso profesor Anisuzzaman, de la Universidad de Dacca, ha recordado que «el Papa haya manifestado una y otra vez, su simpatía por los rohingya de Myanmar, forzados a abandonar su tierra, y sometidos a un tratamiento inhumano y violento». Era el aplauso de un bengalí laico, que valoraba el apoyo del Papa a los rohingya, considerados como «bengalíes» por el régimen militar de Birmania para quitarles la nacionalidad en 1982.

 

El Papa, a su vez, ha invitado a todos a la «apertura del corazón», que es «una puerta» para conocer mejor a los demás, «una escalera» para elevarse «hacia el Absoluto», y «un camino» que lleva a «la bondad, la justicia y la solidaridad» con nuestro prójimo siguiendo la enseñanza de san Pablo: «No te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien».

 

Francisco ha mencionado como ejemplo de armonía entre las religiones, «la manifestación común de dolor, oración y solidaridad tras el trágico derrumbe del «Rana Plaza», que sigue impreso en la mente de todos» por su trágico balance de 1.127 personas muertas y 2.500 heridas entre los casi 5.000 empleados semiesclavos que fabricaban ropa a bajísimo coste para algunas de las marcas más conocidas del mundo.

 

Y ha terminado su discurso con un diagnóstico invitando a «combatir el virus de la corrupción política, las ideologías religiosas destructivas y la tentación de cerrar los ojos a las necesidades de los pobres, de los refugiados, de las minorías perseguidas y de los más vulnerables». Al menos, Francisco hace su parte para socorrer a todos los que puede, siguiendo el modelo evangélico del buen samaritano.