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Natan Lerner zl - El jurista de fuera de la torre de marfil

Paúl Warszawski para Congreso Judío Latinoamericano (www.congresojudio.org.ar).

 

Un par de semanas atrás falleció en Tel Aviv a los 92 años de edad el Dr. Natán Lerner.

Lo conocí hacia fines de los años cincuenta en Buenos Aires, en donde se graduó de abogado y luego obtuvo su doctorado, cuando él era asesor jurídico de la DAIA y yo comenzaba mis estudios de Derecho. En los poco menos de sesenta años siguientes estuvimos muy próximos tanto por razones institucionales como personales.

En Natán se unieron dos características a la sazón frecuentes en la vida judía. Por una parte era un refinado y prestigioso especialista en Derecho Internacional Público, vinculado en especial  con el análisis y progreso de los Derechos Humanos y más específicamente con todo lo referido a la libertad religiosa, siempre en el área del Derecho Internacional. Como tal fue autor de varias obras hoy clásicas en la materia y de centenares de artículos. Hizo además su aporte en una miríada de eventos internacionales.

Por la otra fue un activista judío, calidad ésta puesta de manifiesto en todo momento, aún mientras desempeñaba funciones profesionales para el Congreso Judío Mundial, primero como representante del C.J.M. ante las Naciones Unidas en Nueva York y luego como Director de la Rama Israelí del C.J.M. hasta su egreso y dedicación al Derecho Internacional durante las últimas décadas de su vida como profesor titular de la especialidad en la Universidad de Tel Aviv y luego en el Instituto de Altos Estudios de Herzliah. Para la época en que él se desempeñó para el C.J.M. en Nueva York y en Israel, yo cumplía funciones profesionales en el Congreso Judío Latinoamericano en Buenos Aires. Allí terminamos de anudar una relación que mantuvimos toda una vida.

Natán representa esta simbiosis entre el jurista y el activista, simbiosis nada extraña en su momento. Aun aparentemente dedicado tan sólo a la academia, expresó sin ambajes sus puntos de vista sobre cuestiones de actualidad especialmente en una columna periódica en el semanario “Aurora” de Israel, columnas aparecidas hace poco en forma de libro.

El tema merece algunas palabras. El pueblo judío ha dado al mundo múltiples especialistas en Derecho Internacional Público. Basta recordar a dos: El creador del concepto de genocidio Rafael Lemkin y el creador del concepto de crímenes contra la humanidad Hersch Lauterpacht. En sus orígenes, ambos judíos de Lvov que estudiaron en la misma universidad. Menos conocida, quizá, es la trayectoria de otros internacionalistas como Nehemiah Robinson, asesor jurídico del Congreso Judío Mundial de muy activa participación en la preparación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos emitida por la O.N.U. en 1948, y como Noah Barouh, inglés, quien desarrolló el concepto de la deuda del Estado alemán en virtud de los latrocinios cometidos por el nazismo contra el pueblo judío antes y durante la Segunda Guerra Mundial, concepto que tomado por Nahum Goldmann llevó a los convenios de Luxemburgo del 1954, primera oportunidad en que un Estado reconoció su deuda con un pueblo, el judío, por hechos acontecidos en tanto el pueblo judío carecía de personería internacional.

Natán se insertaba en esta tradición bifronte diríase que casi sin esfuerzo. Se caracterizaba, además de su intelecto y conocimiento humano, por un sentido del equilibrio nada común en la esfera de los Derechos Humanos, una fidelidad sin reservas al pueblo judío y al Estado de Israel y una ética sin claudicaciones que se manifestaba en todas las esferas, personal y familiar, científica e institucional.

Su vida fue larga y fecunda. Lo extrañaremos.