HOME » Diálogo Interreligioso

“Con Francisco hay un cambio de estilo del que será difícil volver atrás”

Buenos Aires, 13 de marzo de 2017.

Guillermo Marcó cree que los argentinos no tomamos dimensión del rol de Francisco en el mundo hoy. “Nos hemos quedado solo en ver a quién y cómo recibe”, dice.

Por Claudia Peiró.

"Una vez me dijo que pretendía abrir puertas que ya no se pudieran cerrar", recuerda el director de Pastoral Universitaria del Arzobispado de Buenos Aires, ex vocero de Jorge Bergoglio y presidente del Instituto de Diálogo Interreligioso, en esta charla en la que evoca sus conversaciones con el Papa, los temas que éste tiene en el centro de su agenda y los cambios que está impulsando en la Iglesia.

— ¿Qué cambios reales ha habido en la Iglesia en estos 4 años de pontificado?

— Diría que sobre todo hay un cambio de estilo que es difícil volverlo atrás. Y además un cambio de temario: la Iglesia tenía 4 o 5 temas de los que estaba pendiente todo el tiempo y un día Francisco abrió el juego a muchísimos más que antes no figuraban en la agenda papal, desde el tema de la trata hasta el de Laudato Si, la encíclica sobre ecología que tuvo un impacto enorme en la comunidad científica y en los gobiernos. Internamente lo que más ha cambiado es la mirada sobre el tema de la familia. Sin dejar de sostener que la Iglesia propone un modelo de familia tradicional hay otras realidades que atender. Es un cambio de mirada importante. No solamente estar condenando lo que está mal sino tener una mirada diferente.

— ¿Ese cambio de mirada es asumido por el conjunto de la Iglesia o hay mucha resistencia todavía?

— Diría que la resistencia es minoritaria. Porque es la mirada que tenemos la mayoría de los que estamos trabajando pastoralmente. Bergoglio no es un outsider; él se nutrió de Buenos Aires, hay cosas que son de la pastoral de Buenos Aires. Es el primer Papa en la historia de la Iglesia que perteneció a una megalópolis. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI eran originarios de pueblos chicos. Al vivir en una ciudad grande se ve otro montón de problemas.

— Bueno, causó mucho impacto que el Papa haya autorizado a los sacerdotes a perdonar a las mujeres arrepentidas de haber abortado, pero esa facultad ya la tenían los sacerdotes del Arzobispado de Buenos Aires desde la época de monseñor Antonio Quarracino, el antecesor de Bergoglio.

— Si, a veces la prensa se sorprende con cosas que en realidad no son nuevas para nosotros. Pero lo que Francisco hace, porque esa potestad dependía del obispo diocesano, es saltear esta instancia, porque es muy complejo, cuando alguien se arrepentirse de algo y se anima a contarlo, tener que mandarlo a otra instancia, al obispo. En estos días el Papa ha sido tapa de la revista Rolling Stone y lo que destaca la nota es que es un hombre de sentido común. Eso es lo que tiene de más novedoso. A veces, como decía Santo Tomás de Aquino, el sentido común es el menos común de los sentidos.

 Uno de los cambios más profundos es la renovación del Colegio de Cardenales; Francisco está nombrando personas con su mismo perfil

— Usted dice que es irreversible el estilo Bergoglio, la austeridad, la cercanía, ¿pero está seguro que este cambio se va a mantener?

— Todo dependerá por supuesto de quién lo suceda. Pero uno de los cambios más profundos que él está realizando, y que quizás pasa inadvertido, es la renovación del Colegio de Cardenales. A medida que los cardenales van perdiendo su capacidad de voto, a los 80 años, o muriendo, porque son en su mayoría personas muy grandes, Francisco va nombrando cardenales nuevos, personas que tienen su mismo perfil. Entonces es muy posible que ya no sea una rareza elegir a un papa con un perfil pastoral. Ahí va a haber posibles candidaturas interesantes.

— ¿Qué balance hace del modo en que los argentinos hemos tomado este papado?

— Nosotros somos complicados. Yo en alguna nota escribí, sobre el cambio de humor de muchos argentinos, no todos, pero sí muchos con respecto al Papa, que me daba una impresión semejante a la que me pasa con los jóvenes de la pastoral universitaria, que vienen a estudiar a Buenos Aires. Llegan con la óptica de la realidad de su pueblo y la ciudad y la universidad les abren otros horizontes y el chico que vuelve ya no es el mismo que se fue. Cuando voy a charlar con Bergoglio -he tenido la gracia enorme de poder verlo una vez por año-, trato de preguntarle mucho por el ámbito internacional porque me parece extraordinario lo que está haciendo. Las circunstancias en las que le toca orar o decir una palabra, las personas con las que le toca actuar. Cómo manejó la mediación entre Obama y los Castro. Me contó, "lo hice yo personalmente, detecté la necesidad en cada uno y una vez que estuvo la cosa más o menos organizada, recién ahí entraron en juego las cancillerías". Lo cual es algo absolutamente novedoso. Por 800 años no había habido una reunión entre el Papa y el Patriarca ortodoxo; él lo llamó por teléfono, le dijo "en Medio Oriente cuando matan cristianos no preguntan si es ortodoxo, católico, ¿no vamos a hacer nada por esa gente? Él tiene esa cosa de allanar un camino que por ahí si fuera la comisión que está encargada… bueno, las cosas se empantanan.

 La agenda del Papa es mayoritariamente internacional

— ¿No vemos esa dimensión desde aquí?

— Los argentinos nos hemos quedado solo en qué hace, a quién recibe, cómo y a qué argentinos recibe, y la verdad es que la agenda del Papa es una agenda mayoritariamente internacional. Cuando voy, no me habla ni me pregunta de la Argentina, lo cual no quiere decir que no le interese pero sí que son tantos los problemas del mundo que él tiene, cosas que le son más urgentes que estar mirando todo el tiempo lo que pasa en el país. Y para nosotros pareciera que lo único que hace Jorge Bergoglio de la mañana a la noche es pensar si está a favor o en contra del gobierno actual. Me parece una visión muy pobretona de lo que significa un hombre de esa envergadura y con el crédito que tiene a nivel mundial… Su autoridad moral; no hay otro líder semejante.

— Tal vez sea ésa la dimensión que menos observamos desde acá, la del Papa como jefe de Estado y protagonista a nivel mundial. A diferencia de la prensa europea, por ejemplo, que está muy concentrada y permanentemente analiza su rol. Olvidamos a veces que es un líder espiritual pero también un jefe de Estado.

— De un Estado muy pequeño pero que sin embargo tiene una gran influencia política.

— ¿Cómo lo vio la última vez que habló con él?

— Bueno, hablamos mucho de temas internacionales, de Venezuela, de Medio Oriente obviamente; yo he trabajado con él mucho en diálogo interreligioso y hoy en día con Omar Abboud y Daniel Goldman seguimos teniendo el Instituto de Diálogo Interreligioso, que hizo un congreso en Roma en octubre del año pasado. Es un hombre que tiene 24 horas como el resto de los mortales y que dentro de esas 24 horas tiene que comer y descansar, ¿cuánto tiempo puede dedicarle a cada cosa? Pero lo más sorprendente es que él no pierde ni la alegría ni la paz, en eso es muy igual a como fue siempre. La agenda internacional, la de la mañana, que es cuando atiende en el palacio apostólico, la maneja la Santa Sede, pero por la tarde en Santa Marta maneja él su propia agenda. Cuando uno llega a la guardia dice "tengo un apuntamiento con el Papa", la guardia llama y él contesta "sí, que pase". En eso sigue siendo igual a como era acá. Son notas que allá llaman muchísimo la atención, como cuando fue a la óptica a probarse los anteojos, y aparecieron miles de personas sacándole una foto al Papa probándose anteojos. El actúa así, con normalidad.

 Una vez me dijo que pretendía abrir puertas que ya no se pudieran cerrar

— ¿Le afectan las críticas?

— No de modo directo. Ahí se juega su faz religiosa, su confianza en la Providencia. El llevar las cosas a la oración. Me consta porque cuando estaba en Buenos Aires si no veía un tema o lo veía confuso, te decía "bueno, lo rezo y mañana te contesto".

— ¿Qué cosas cree que tiene urgencia de poder hacer?

— Él una vez me dijo que pretendía abrir puertas que ya no se pudieran cerrar. Me parece que en eso de las urgencias, una debe ser cambiar el Colegio de Cardenales, algo que ya viene haciendo. Terminar de organizar la curia romana; es un proceso que lleva bastante tiempo pero algunas cosas ya las ha hecho: unificó toda el área de comunicación que estaba dispersa, al área económica la centralizó en una sola administración, y terminó algo que había iniciado Benedicto: la purificación del Banco Vaticano.

— ¿Eso está realmente completado?

— Sí. A ver, algunos amigos míos europeos me dicen "no, porque el Papa es un poco zurdito" y yo digo "si fuera así hubiera llamado a (Axel) Kicillof o al ministro de Economía de Venezuela" y la realidad es que para terminar de solucionar el tema de las finanzas del Banco Vaticano llamó a JP Morgan, o sea, a la gente que sabe. Y los estándares que tiene hoy en día el Banco Vaticano son los que rigen en cualquier institución financiera para el tema de lavado de dinero.

— El Papa ha creado una comisión para analizar el papel de la mujer en la Iglesia, ¿qué cree que quisiera hacer él en ese plano?

— Bueno, el problema no es la participación de la mujer en la Iglesia, que la hay y es numerosísima, sino la participación en la toma de decisiones. Ahí me parece que es donde él encuentra el esquema más flojo y donde piensa que es interesante que haya más mujeres, la mujer tiene otra mirada, muchas veces complementaria de la del hombre.

VIDEO COMPLETO DE LA ENTREVISTA: http://www.infobae.com/politica/2017/03/13/con-francisco-hay-un-cambio-de-estilo-del-que-sera-dificil-volver-atras/

Fuente: Infobae