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Una fiesta para alimentar el alma

Por: Daniel Goldman.

El pueblo judío celebra el Shavout, que evoca la entrega de los Diez Mandamientos.

El afamado rabino de Bratzlav solía utilizar el cuento como un bello recurso para la enseñanza. Uno de ellos dice que había una vez un rey que recibió un informe preocupante sobre la nueva cosecha. Se decía que quien comiese de ella terminaría loco. Al escuchar esta noticia, reunió a sus consejeros y les dijo: “Dado que ningún otro alimento está disponible, y que tendremos que comer para poder vivir, no hay nada que  podamos hacer. Pero les pido que por lo menos alguno de ustedes guarde algo de la cosecha anterior. Y cuando todos hayamos comido de la actual, tome esos granos  anteriores y se alimente de ellos para recordarnos y señalarnos al resto que estamos locos”. El rabino de Bratzlav nos está indicando que todos nos saciamos con el alimento de la violencia, la intolerancia, la incomprensión y la guerra. La humanidad entera come de esa cosecha. Pero nos señala a la vez un dato que no es menor: Las antiguas y clásicas culturas guardaron algo de sus “cosechas” anteriores, y cada tanto nos interpelan para que nos alimentemos de ellas. En la tradición judía a esa añeja “cosecha” le damos el nombre de Torá.

Así conmemoramos la recepción de los 10 mandamientos en el monte Sinaí. El capítulo 20 del libro de Éxodo nos relata cómo el campamento de Israel se preparó para ese acontecimiento. Ante truenos y relámpagos el pueblo entero, como si fuese una sola voz, respondió: Haremos y escucharemos la palabra divina, traducida en una decena de frases contundentes y profundas, que con el tiempo se transformarían en el código ético de la humanidad. Esa noche –recuerdo de ingesta de antigua cosecha- debe generar en  nosotros un compromiso de acciones cotidianas para que las próximas generaciones puedan sembrar un futuro promisorio.